jueves 23 de febrero de 2012

Dolor



Ayer estuve toda la tarde buscando a una amiga que suele tomar el tren hacia Once. La llamé al celular. No contestaba. En la casa no había nadie. Le envié un mail. Nada. Me fui hasta su trabajo que, como es nuevo, aún no tenía ese teléfono. Trabaja en un lugar tan grande que no pude encontrarla porque aún no estaba ingresada. No sé cuánto caminé. Hoy me duelen las piernas. No tenía noción de la hora. Sólo desesperación, llanto contenido y un nudo esperanzado en la garganta. Había una alta posibilidad de que ella no haya estado en ese tren. Pero sólo la confirmación de que eso era así podía funcionar como calmante. Mientras viajaba hacia su trabajo pedí información en Twitter (gracias por todo, en serio, @elecalvin), a unos amigos les pedí datos, que miren las listas, mi mamá llamando al *136. La mayoría de la gente fue solidaria con mi desesperación y la de miles de otros que estábamos “buscando”. Como siempre, hubo personas con maldad. Es increíble el nivel de maldad que puede haber en un ser humano. En fin… a las 19:30 recibí el alivio de que mi amiga no había tomado ese tren. Lloré. Lloré mucho. Lloré de alivio por mi amiga pero también de dolor por los internados, por los que aún siguen buscando y por los familiares de los fallecidos. Seguramente todos laburantes. Y fue ahí cuando el dolor se transformó en demanda política. Y lo que quiero es que se tome una fuerte decisión, que el Gobierno Nacional se haga cargo de cambiar esto de cuajo como lo hizo cuando decidió estatizar las AFJP. No tengo idea de cómo se hace eso, no sé con qué medidas se puede lograr. También sé que no tendremos un sistema ferroviario de maravillas de un día para otro. Pero quiero una fuerte y marcada tendencia de mejora como vemos con las Jubilaciones. La voté a Cristina porque creo que ella lo puede hacer. No creo que NINGUNO de los que aprovechan el río revuelto en dolor lo pueda hacer. Estoy segura de que el pueblo, ese que viaja en tren como yo, va a bancar a la presidenta en las medidas que tome para que los trenes mejoren tal como mejoró y sigue mejorando el sistema jubilatorio. Si se pudo con eso, también se tiene que poder con esto. Cristina ha dicho una y otra vez que gobierna para los 40 millones de argentinos pero que está del lado de los más vulnerables. Que así sea.

Foto: sitio web lanacion.com

miércoles 8 de febrero de 2012

“Como dijo Lanata”



El debut en Radio Mitre del periodista Jorge Lanata fue un burdo desnudo frontal total. Pero el que avisa no traiciona. Al comenzar la emisión, el periodista dijo que en general los programas de radio van detrás de la prensa escrita y que él iba a tratar que, en la medida de lo posible, en este caso sea al revés. Lo dijo tranquilo, sin bombos ni platillos, como ese “quiero re truco” que se dice cuando es uno el que marca todas las cartas. Para refutarme, sólo es necesario que me digan qué investigación hecha por algún otro periodista del Grupo Clarín ha logrado ser tapa del diario tras su primera emisión. Aunque, pensándolo bien, una prueba de ese estilo sólo reforzaría la tesis del burdo mecanismo de construcción de la noticia: el periodista dice algo, luego eso pasa al noticiero de Radio Mitre, clarin.com, TN, Canal 13, tapa del diario y tematización de ese “algo” en todas las repetidoras cuya agenda es marcada por el Grupo Clarín.

Es decir, el emisor no es Lanata. El emisor es Clarín. Lanata se configura en el rol de instrumento del emisor. Lanata es el contenido del mensaje. ¿Por qué? Porque en la década del noventa fue fácil ser un transgresor y “hazte la fama y échate a dormir”. Miles de remeras del CHE se ubicaron en esa época en el lugar correcto con la premisa incorrecta: “poder político y poder económico son lo mismo” y continúan sonámbulos aún unos cuantos que cuentan lanatitas para poder dormir en paz. Ahí está el público del periodista, con el CHE en su muro de Facebook y un “me gusta” en una denuncia contra este gobierno que fomenta la vagancia y no es capaz de poner mano dura contra la inseguridad.

La incongruencia que expresa el hecho de que Lanata trabaje en y para Clarín es algo importante. Tan importante que se ha apelado a un recurso de comunicación que busca desarticular esa contradicción: apropiarse de la incongruencia para transformarla en un absurdo humorístico. Es por esto que al comienzo del programa de radio aparece un personaje que es “la corpo” diciendo lo que el periodista debe hacer, mientras éste responde con un “sí, sí, tomo nota”. Se supone que el recurso debe transformarse en un argumento capaz de tranquilizar a las conciencias que encabezan sus opiniones con un “como dijo Lanata”.

Me tomo el atrevimiento de decirle a esas conciencias que si dicen “como dijo Lanata” entonces van a estar en graves problemas. Es que el susodicho ha dicho tantas contradicciones que hasta él mismo está cansado de tener que explicarse (como le dijo a Tenembaum el martes 31 de enero en Palabras Más, Palabras Menos). Pasemos por alto el excelente mapa de medios que el periodista mostró en su programa "Después de todo" para ilustrar de qué manera el Grupo Clarín incide en la formación de opinión por su posición dominante en el mercado -en plena discusión por la Ley de Medios Audiovisuales-, y vayamos directamente a la posdata que le dedicó al Grupo en su carta de despedida del diario Crítica:

“Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín: que el diario que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene, por ejemplo, comisión interna) sostenga en un artículo sin firma que Crítica ‘moderó últimamente su posición sobre Kirchner’ es tan torpe que resulta cándido (…) El diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo.”

Si tuviese la oportunidad de preguntarle a Lanata: ¿Cambió el “nosotros” o el “ustedes”?, seguramente me respondería que las cosas son más complejas de lo que parecen, que yo no sé esto, aquello y lo de más allá. Bien. Eso mismo le digo a los que ya comenzaron a utilizar el encabezado “como dijo Lanata” y sumo una humilde recomendación: hay muchísimos libros de Historia Argentina con distintas perspectivas historiográficas para leer. Nada es “sin filtro”. Y menos Lanata.

jueves 26 de enero de 2012

¿Es posible tomarse vacaciones de “lo político”?



“¡Dejate de joder! ¡Son tus vacaciones! ¿Cómo que te vas a llevar la netbook? ¡Desconectate nena! ¡Hay otras cosas en la vida! ¡Ya te vas a dar cuenta de que a la gente no le interesa la política!” Éstas y algunas otras exclamaciones me acorralaron en un desafío que acepté.

Preparé la valija y fui a la terminal de Liniers. Entre el mar de gente, fumé los últimos puchos antes de la abstinencia. Por fin subí al micro. Traté de acomodarme dando chiquicientas vueltas. Dormité semi acalambrada en el semi cama hasta sentirme en una cámara frigorífica (¿por qué siempre ponen el aire acondicionado al tope, eh?). En eso, a lo lejos, escuché a Néstor diciendo “¿qué te pasha Clarín, estás nerviosho?” El asombro me abrió los ojos pero el movimiento del micro seguía existiendo. Seguro fue el ringtone de algún fulano. Volví a contracturarme en el asiento y el engranaje de ideas somnolientas se echó a andar hasta el absurdo aterrizando en la foto de Carrió en la pileta con los patitos en fila. Creo que ahí fue cuando me dormí. Menos mal.

Por fin llegamos al hotel. El tipo que nos recibió desplegó una serie de indicaciones propias de la situación y en un momento se detuvo para, con pupilas de águila, hacer un paneo veloz del grupo. Infló el pecho y, después de unos instantes inentendibles, por fin se decidió a hablar: “por decisión de los dueños de la posada están bloqueados los canales asmáticos en el servicio de TV”. La referencia -muy elocuente, por cierto- era hacia TN y canal 13 por lo que permanecí largo rato con un gesto de “mirá vos, eh” y pensé en la cantidad de bares, restaurantes, salas de espera y decenas de cientos de etcéteras en los cuales podrían hacer esto sin necesidad de aclarar “ni mú”. En fin. Fui a mi habitación y me tiré en la cama, boca arriba, con las manos en la nuca. Una mosca me buscó la mirada justo cuando pensaba que, a menos de un día de estadía, ya sumaba dos situaciones políticas, el ringtone y la cuestión de la TV, pese a estar “desconectada”. Me levanté, me duché y me cambié. Salí a caminar hasta la hora de la cena. Allí, un cantor de la zona nos agasajó con un show de bienvenida. Antes del último tema, el tipo mandó a pasar la gorra diciendo: “espero que sean generosos ahora que la Cris nos sacó los subsidios”. “¡Uhhh! ¡Qué mal te veo en la recaudación, flaco!”, pensé. Y acerté. El tipo terminó la actuación despachándose un discurso inquisidor contra los no aportantes a su campaña, quienes lo miraron con cara de “jodete por pelotudo”, especialmente el tipo del ringtone.

Quizá una de las cosas más interesantes de viajar con un grupo de desconocidos es que, de tanto tropezarse las miradas, en algún momento el gesto se convierte en charla y la charla en mates. Una tarde, mientras inocentemente le creí al sol que media hora más de rayos ultravioletas me devolverían a casa “bronceada sí o sí” pero sin ningún tipo de daño colateral, escucho a uno que dice “y encima ahora a estos les pagan hasta para tener hijos y a nosotros no nos dan nada”. El interlocutor -que no era ni el del ringtone ni el que nos recibió en el hotel- lo refutó diciendo que “esa plata no la hacen un rollito y se la meten en el traste sino que la usan para comprar las cosas que vos vendés en tu negocio”. Respuesta jauretcheana si las hay, ¿no? Ni hizo falta teorizar sobre el mercado interno, la demanda agregada o la mar en coche. Otra tarde, mientras mateaba bajo un frondoso árbol en la base del Uritorco, se deslizó -como quien no quiere la cosa- una escena entre dos señoras, ocasionales compañeras de asiento de roca en medio del arroyo. Una, mientras hacía de su mano una vasija recolectora de agüita para refrescar la espalda, dijo: “hay que estar informado, siempre. Por eso yo en casa tengo el noticiero todo el día encendido mientras hago las cosas”. La otra -que les juro no era panelista de 678- le contestó: “¡pero si mirás todo el día el mismo canal te vas a informar siempre de lo mismo! ¡Tenés que mirar también otros canales que digan otra cosa para poder hacer tu propio pensamiento crítico!”. Y le empezó a contar que antes también se informaba mirando TN pero que con “lo del campo” ya se hacía mala sangre y entonces empezó a cambiar de canal y que después apareció 678 y la historia que más o menos ya conocemos.

Podría enumerar más anécdotas de este estilo, pero la pregunta acá ya se hace urgente y viene bien para cerrar (¿o abrir?): ¿“a la gente no le interesa la política” o el nivel de repetición de esa sentencia, maquillada de sentido común, es directamente proporcional al nivel de apropiación de “lo político” como patrimonio de los ciudadanos al punto de estar presente hasta en las vacaciones?

jueves 5 de enero de 2012

¿PLATAFORMA? PARA LA ¿RECUPERACIÓN? DEL ¿PENSAMIENTO? ¿CRÍTICO?



Un título tan ambicioso como el elegido para el texto de Plataforma 2012 (que los medios dicen corresponde a una agrupación de intelectuales, encabezada por Beatriz Sarlo, que está “contra” Carta Abierta) no hace más despertar la voracidad por una lectura que se presupone apasionante. Pero no. Al final se trata de 905 palabras acomodadas en lugares comunes para una subjetividad tan alienada como la mía, a juicio de los firmantes del texto ¿panfletario? que, a continuación, comparto con algunos comentarios tontos y preguntas sin sentido que fueron apareciendo a medida que avanzaba en la lectura. Lo tonto y sin sentido es lo que está entre paréntesis y en negritas, claro.

PLATAFORMA PARA LA RECUPERACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil (es decir que se afirma que la sociedad está dominada por un discurso). Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda (¿para elevar ante quién?). Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener (¿se les cae?) nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio (¿acaso lo que dicen no está siendo dicho, por ejemplo, desde columnas en La Nación?), como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador. (Ok, no les gusta cómo están las cosas, entonces: ¿tomarán el compromiso ético de ser parte de un partido político para poder accionar y transformar o se trata de sólo demandar?)

No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura (¿todos deberían tener el ánimo que tienen los firmantes? ¿El ánimo debería ser hegemónico? Entonces, ¿no se oponen a la hegemonía?), a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del gobierno (¿la criticidad que proponen es no respetar a los que piensan distinto incorporando al lenguaje la misma caracterización utilizada desde los medios opositores al Gobierno Nacional?) han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica (¿el objetivo es tener cierta postura crítica sin importar el objeto de crítica, algo así como criticar lo blanco por no ser negro y lo negro por no ser blanco?).

Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.

Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales. Curiosa apelación al federalismo, cuando es el gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos. (Según el enfoque de la denuncia, ¿no faltan aquí las muertes de los militantes de la Agrupación 26 de Junio, Jonathan Brasante de 17, Claudio Suárez de 19 y Adrián Leonel Rodríguez de 21 años, acribillados a balazos el 1ero de enero -3 días antes de la fecha de publicación de esta plataforma- en la Rosario socialista? ¿O estas muertes no son escandalosas o vale su ocultamiento?)

Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta. (Es interesante la hipocresía demagógica de escribir en un blog acerca del proceso de concentración de la tierra y la soja-dependencia y cobrar honorarios por columnas en medios de comunicación cuyos intereses económicos están estrecha e históricamente ligados a esas cuestiones.)

El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar. (¿Es decir que todos los sectores sociales que apoyan el gobierno lo hacen fascinados por un discurso que contradice su realidad material? ¿No será mucho?)

Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad. (¿Es decir que el “poder de fuego comunicacional” del gobierno es mayor que el de los medios oligopólicos? ¿De veras piensan que el 54% de la población tiene la subjetividad alienada? Y si se refieren a la militancia, ¿ser militante es estar alienado? Por otro lado, ¿no es alienante el discurso repetido por las innumerables bocas de expendio de los medios oligopólicos?)

Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras – y el propio grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga – han recibido enormes privilegios de este gobierno. (¿Es decir que esta plataforma irá 100% contra todas las corporaciones a la vez y, así, se logrará la revolución que será publicada en el diario mitrista?)

Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. (Entonces, ¿la CEPAL miente?) Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. (¿Es que el gobierno dice que todo está hecho? ¿Es que se puede efectivamente hacer todo de una vez?) Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas - algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez. (¿Acaso niegan la existencia de problemáticas estructurales que hasta ahora no han podido ser modificadas por ningún gobierno?)

El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. (Ahá, hablar de “voceros” y “alienados”, ¿qué es?) Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. (¿En qué quedamos? ¿Se trata de un “intento de imponer” o ya de un “efecto impositivo” como dicen al comienzo?) Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio. (El archivo, el análisis, la contrastación, el CV, etc, ¿los intimida y encierra? ¿Esta plataforma está firmada también por quien se siente con tanta intimidación al punto de acusar a CFK de “utilizar” su luto?)
Hoy la homogeneidad discursiva (¿en qué momento hubo "homogeneidad" discursiva en la sociedad?) empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la ley antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno. (¿Es que, entonces, no es aceptado por este espacio el “apoyo crítico”? Es decir: ¿si se apoya no se critica y si se critica no se apoya?)

A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico (Otra vez: ¿es un “afán” o ya un “efecto impositivo” como afirman al comienzo?), es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico (es interesante que siendo esta posición algo amordazado, al leerlo ya lo tenga en mi retina, como si no hubiese estado en el silencio sino, al contrario, dicho una y otra vez desde editoriales y columnas de medios que se autodenominan, en actos fallidos, como opositores) y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible. (¿Estos son los grandes problemas que plantea el presente y se propone el debate con “voceros” y “alienados”? ¿No hay para este espacio -¿cultural?, ¿teórico?, ¿político?- además otros grandes problemas estructurales, añejados en grandes editoriales, por abordar?)

(Luego de todo esto, me pregunto: ¿qué sería recuperar el pensamiento crítico? ¿Quiénes lo tienen que recuperar? ¿Los voceros y los alienados? ¿Los firmantes? ¿Y qué es el pensamiento crítico? ¿Llamar voceros y alienados a quienes no piensan como los firmantes? ¿Cómo se debate así? ¿O es que el objetivo final no es ni debatir ni ejercer el pensamiento crítico?)

miércoles 28 de diciembre de 2011

La mala fe, Feinmann. La mala fe.



Feinmann ofreció en bandeja de plata el mejor titular que podría haber deseado La Nación, el guardián de la historia oficial, y éste lo utilizó como de antemano ya sabía José Pablo que lo iba a utilizar. Esto, más que puñal por la espalda (como dice en P12) es usar al puñal cual respaldo (¿o convertimos al “pensador” en el sapo ingenuo frente al escorpión?). Sin embargo, no fue ese titular lo que llamó mi atención en todo este tema, sino su postura con respecto a tres cosas: 1) la juventud ejerciendo funciones en el aparato del Estado (así, con mayúscula), 2) su pretensión de impolutez (permítaseme el neologismo) y 3) la mala fe en su reacción a la reacción post nota. Vayamos por partes, como José Pablo suele decir en sus libros (sí, él se repite mucho y no sólo en la cuestión de lo autorreferencial).

1) El rol de la juventud:

Feinmann sostiene el concepto que afirma que los jóvenes deberían ocuparse sólo de pensar ideas… estos imberbes están demasiado ocupados por quién ocupa qué cargo y esto lo deja a él un poco aparte, según dice. Cabe destacar que esta forma de ver la cuestión no dista nada, pero nada, de aquella que afirma que Guillermo Moreno hace lo que se le canta. Lo dijo CFK también en referencia a Mariano Recalde. Ella es quien decide quién va en cada lugar. Lo interesante aquí, para mí, es dónde pone el foco el pensador Feinmann: en el mismo lugar que su interlocutor, La Nación, quien no pierde oportunidad en denostar a la denominada Juventud K.

Néstor Kirchner pidió a los jóvenes que “se reciban” porque “los necesitamos en los cargos” y para eso no alcanza con la militancia, también hay que estar preparados técnicamente. Néstor y Cristina fueron quienes convocaron (que es distinto a “invitaron”) a la juventud a participar activamente en política, desde el espacio que cada uno prefiera, “pero que participen, que se organicen”. Participar no es sólo pegar afiches, hacer pintadas, bancar los trapos en un acto público o en una plaza, escribir en internet o pensar ideas. Participar también es asumir responsabilidades en cargos públicos. ¿Será que José Pablo se suma (supuestamente contra su voluntad) a la llamada “vieja política” en la que los pibes pinchan pero no cortan?

Pareciera ser que La Nación y Feinmann coinciden en que los jóvenes somos buenos como consumidores (de libros, de medios, de cualquier cosa) pero no como hacedores. Y coinciden tanto que ni siquiera fue un párrafo que alcance el status que sirva para un gran titular… esas cosas que pasan cuando el statu quo coincide, sin más.

2) La impolutez:

Feinmann titula uno de sus libros (de cientos de páginas, como a él le gusta decir, como si la cantidad fuera sinónimo de rigurosidad y calidad) con el sugestivo juego conceptual de “La filosofía y el barro de la historia”. Pero él no se puede embarrar, porque no se puede manchar y, entonces, pareciera que La Nación es un baño de crema (creme de la creme, obvio) que ablanda y quita cualquier supuesta mancha K que alguno podría suponer en él. ¿Por qué hace esto? José Pablo confiesa dos motivos: 1) “porque así no te sirvo” le dice a Néstor en El Flaco; 2) porque hay que promocionar el nuevo libro de cientos de páginas, dice en la nota de P12, arrodillado sobre maíz, implorando perdón. Lo impoluto es tan imposible como lo objetivo, y eso José Pablo lo sabe al dedillo. Hay que hacerse cargo, pero eso lo dejo para el próximo apartado.

3) La mala fe de Feinmann en la reacción post nota:

Feinmann habla de Sartre muchas, pero muchas, veces; al punto de poder suponer que él se supone sartreano. Quizá la clave más importante de Sartre es la cuestión de que los hombres y mujeres no estamos predestinados, no tenemos una esencia y, por eso, no nos queda otra opción que hacernos a nosotros mismos. Dice Sartre que siempre estamos eligiendo pero que, claro, hay cosas que no podemos elegir, por ejemplo la época en la que nacimos, los padres que tenemos, etc. A esto Sartre lo llama “situación”. La libertad, entonces, es condición del humano porque es aquello que está obligado a hacer en “situación”. No hay forma de esquivar el “hacer algo en la situación en que se esté”. Esto, irremediablemente, pone la responsabilidad de lo que el hombre “es” en el hombre mismo, ya que “el hombre es aquello que hace”. Es responsable de lo que hace, tanto para sí mismo como para la humanidad. Lo resumo. Dice Sartre que al elegir casarse no sólo lo elige para sí mismo sino para la humanidad porque le otorga valor al casamiento. Es decir, elijo para mí pero también para todos, porque considero que eso es lo mejor. Ahora, y acá viene el punto al que quería llegar, esa responsabilidad puede generar mucha angustia y entonces puedo decir “no pude elegir, fueron las circunstancias las que me llevaron a hacer tal cosa”. Sartre dice que eso es actuar de “mala fe”, es tratar de liberarme de la angustia de la responsabilidad por la decisión que he tomado. Porque si yo no tengo elección, no soy humano (puesto que la condición es la libertad: el humano es lo que hace), soy una cosa que no puede decidir.

Esto es lo que, a mi entender, hace Feinmann en su nota en P12. No se hace cargo de sus elecciones: escribir el libro, someterse a las normas de difusión del editor, aceptar ir a La Nación, aceptar la responsabilidad de decir sus palabras, aceptar que la difusión de la nota tiene repercusiones, etc., etc., etc. Feinmann actúa de mala fe, diría Sartre, especialmente cuando elige titular la nota con “El puñal por la espalda” es decir, cuando Feinmann trata de no ser sartreanamente humano y se transforma en una cosa que no decide, en una víctima de la situación, en un pobre sapo desencantado con la naturaleza del escorpión. Y, lo que es peor, al elegir esto no sólo lo elige para él mismo, sino para toda la humanidad.

PreData: Algunos de mis tuits sobre el tema #Feinmann que, conceptualmente, sintetizan las líneas desarrolladas en este texto:

Juventud: Mirá vos, #Feinmann quiere q la juventud sólo se ocupe d las ideas; nada d cargos con responsabilidades en la realidad efectiva. #HolaSartre

Impolutez: #Feinmann titula "La Filosofía y el barro d la historia" pero prefiere lo impoluto. Recuerden el mail q le escribió #NK bit.ly/vf6XwX

Mala fe: ¿No caigan en la trampa de Mitre y Magnetto criticando a #Feinmann? Ah, pero qué ingenua soy! #Feinmann dio nota dando x hecho buena espina!


domingo 11 de diciembre de 2011

Lo que me pasa en La Plaza



Otra vez en La Plaza. Otra vez cruzando sonrisas, alegría y esperanza con “los desconocidos de siempre”. Otra vez estando en La Plaza -que es el mismo espacio simbólico si se trata de la Plaza de los Dos Congresos o de la Plaza de Mayo- y dándome cuenta de que siempre fluctúo entre dos “estados” -dos formas de estar- que llamaré a uno como inmanente y al otro como trascendente.

El primero es tan visceral que siento que soy todas las personas que estamos allí. Se desdibuja la individualidad y, por lo tanto, no siento conexión con lo que allí está pasando, no soy algo que se conecta con lo que le pasa a otros porque siento que “todo es uno y lo mismo”. No decido cantar o aplaudir o llorar. Lo hago porque irrumpe. Porque lo siento. Y lo siento tan fuerte que en algún momento me doy cuenta de que estoy ahí, con todos, sintiendo eso y entonces aparece el otro estado, el trascendente.

Al momento trascendente lo defino como aquel en el cual me doy cuenta de que ese sentimiento, esa forma de estar, ese estado, nos trasciende, nos atraviesa, a todos los que estamos ahí. Es el momento en el cual me separo un poco para mirar los detalles del cuadro general. Miro cada individualidad y veo los gestos, los movimientos, los colores, los estilos, las edades, las consignas, las banderas y veo que, a pesar de todas las particulares, lo que irrumpe es lo mismo: una misma convicción sentida desde las entrañas. Dimensiono esto y pienso: que lo parió, que esto no se acabe nunca. Los ojos se me llenan de lágrimas y entonces vuelvo al estado anterior, el inmanente, cantando: “¡Llora, llora, llora la derecha, porque los pibes estamos de fiesta, les vamo' a demostrar, que Néstor no se fue, volveremos a ganar, gorila no volvés más!”. Y, mientras canto, agradezco con la fuerza de mi voz a Néstor y a Cristina el darnos todo esto que, de nosotros depende, puede no acabar nunca.

martes 22 de noviembre de 2011

Ajuste de cuentas


Que la inseguridad, que la inflación, que el dólar. Parece que ya estos cucos no funkan en el discurso de la oposición corporativa mediática y ahora por fin -¡por fin!- metieron con fórceps la palabra “ajuste”. Pero, devaluadísimos editorialistas cipayos, lamento informarles que nuevamente “ese relato” no tendrá correspondencia con la realidad (así, aristotélicamente hablando) especialmente cuando muchos argentinos puedan tomar por primera vez un avión para irse de vacaciones dentro del país. Porque a Cristina la votamos para que haga lo que está haciendo, para que lleve adelante políticas populares, políticas que beneficien al pueblo. ¿Quieren tergiversar el sentido de las medidas? Ok, mejor aún… así la gente no se confunde y ve que todo sigue normal: nosotros cambiando la historia y ustedes fracasando semana tras semana en sus propias contradicciones. Pero, claro, a ustedes eso no les importa. Tienen 4 años de tubo de ensayo para combinar distintas fórmulas con la esperanza de que alguna los retorne a aquellos años dorados en los cuales una tapa marcaba el humor social. Sigan así, llenándonos las venas de adrenalina para seguir bancando al proyecto nacional y popular que supo mostrarnos cómo era, es y puede ser la cosa, que sabe convocarnos a organizarnos territorialmente, que nos invita a involucrarnos cada vez más, con cada paso dado en el presente, en la construcción de nuestra historia. Ella, en el futuro, escribirá su propio ajuste de cuentas.

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